UN HOMBRE AGRADECIDO
La historia que voy a contar ocurrió en España, en una localidad no muy grande, en el invierno de 2008, cuando empezamos a vivir esta terrible crisis económica que está afectando a la mayoría de las familias.
Juan, un hombre soltero, anteriormente dueño de una importante empresa de exportación, se arruinó; sus letras impagadas se amontonaban sobre la mesa de su despacho, hasta que el banco se apropió de los locales, donde anteriormente trabajaba y de su magnífica casa, situada en uno de los barrios más prestigiosos de la ciudad.
Carlos, un honrado taxista, que consigue mantenerse haciendo horas y horas de recorridos, encuentra una tarde, en su taxi, un bolso que alguien había olvidado. Acude a la comisaría más cercana para entregarlo y se encuentra a una señora, elegantemente vestida, dando cuenta a la policía de la pérdida de su bolso. Carlos no solo recibe las gracias infinidad de veces, recibe además una gratificación de 3000 euros y decide acudir al cajero más próximo para ingresar el dinero en su cuenta.
Hace frío y Carlos está cansado, desea volver pronto a casa a descansar, mañana le espera otro duro día sentado al volante. Cuando se acerca al cajero, un mendigo, Juan, está entrando, con unos cartones en la mano para poder pasar la noche un poco resguardado. Inexplicablemente Carlos decide darle los 3000 euros y se marcha a casa pensando que él es igual de pobre, o rico, que hace unas horas, en algunos momentos se arrepiente de su generosidad, pero se consuela diciéndose que espera que su dinero sea bien utilizado; mañana seguirá con su taxi, su vida no ha cambiado en nada y él se siente satisfecho de haber ayudado a alguien. Siempre recordará la cara de sorpresa y satisfacción de Juan cuando se dio cuenta del regalo que recibía.
Pasadas unas semanas le pareció ver a Juan desde el coche, seguía viviendo en la calle, aunque le pareció que su aspecto había mejorado un poco, se sintió un poco triste, pensó que el dinero no había sido bien utilizado.
Carlos siguió viendo a Juan, a veces lo veía sentado en un banco del parque leyendo algo, a veces caminaba con prisa por la calle, Carlos siempre tenía la misma sensación ¡qué pena! ¡No utilizó bien el dinero! ¡Debí quedármelo yo!
Pasó el tiempo, poco a poco Carlos fue olvidándose de Juan, hacía tiempo que no lo veía, vivir en la calle puede ser peligroso, quizá se trasladó de ciudad, puede que enfermara…
Han pasado cuatro años, Carlos sigue trabajando con su taxi, ahora ya viejo; se ha casado, vive con su esposa en un modesto piso de las afueras y esperan el nacimiento de su primer hijo.
Cuatro años después del incidente del bolso y del generoso regalo que hizo Carlos, cuando en casa se disponen a comer, suena el timbre. Un hombre maduro, bien vestido, pregunta por él, dice que le debe 3000 euros y mucho más. ¡Increible! Jamás Carlos hubiera imaginado que Juan, después de tanto tiempo le hubiera buscado para seguir dándole las gracias y para devolverle el dinero. (Está claro que fue bien utilizado)
Con ese dinero decidió matricularse y ponerse a estudiar, consiguió una beca y pudo terminar sus estudios, empezó a colaborar con asociaciones benéficas y a trabajar ayudando a la gente que vive en la calle. Hoy no tiene mucho dinero, comparte piso con otros compañeros de trabajo, apenas tiene tiempo para recordar su antigua empresa de exportación, está muy agradecido a Carlos porque le dio ayuda cuando ya había perdido la esperanza y, sobre todo, desea dedicar su vida a ayudar a los demás desinteresadamente (como Carlos hizo con él) y lo más importante, está convencido de que se pueden superar las dificultades y se siente feliz con lo que hace.
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